Estaba en una especia de reunión. Veía a uno de mis hermanos junto a mis dos hermanas, conversando. Yo miraba de afuera, como a 10 pasos de distancia. El aire se respiraba un tanto espeso, y claro, estábamos llorando la muerte del viejo. No había un clima generalizado de angustia, sino más bien de mucha tristeza por dentro. Yo particularmente miraba todo de afuera, sin querer acercarme. Por dentro sentía un enorme dolor y para no quebrarme, me mantenía lejos del resto.
Habrán pasado 20 segundos de todo esto y veo venir a un íntimo amigo de Papá. Mi sensación era que lo conocía de toda la vida y el me conocía mucho a mi. Sabía muy bien el quien era yo y lo mucho que estaba sufriendo.
Al verlo entrar, mas ganas me dieron de mantener la distancia. Sabía que si lo saludaba se me iba a partir el alma y era justamente lo que estaba intentando evitar.
Los saluda a los chicos y cuando esta terminando, cruzamos las miradas. Inmediatamente, cambia de dirección y se viene hacia mí. Vestido de manera formal, pero casual, se acerca con los ojos brillosos. Su barba típica era inconfundible. Me extiende la mano, y sin decir palabra, nos la damos. Su mano era como la de esas personas que trabajan con ella diariamente, de gran tamaño y un tanto pesada y arrugada. Esa mano tenía historia propia y por un momento fui parte de ella.
Por ese entonces, el “Che” tenía 40 años aproximadamente. Se lo veía joven y muy saludable.
Nunca me voy a olvidar el abrazo que nos dimos luego, tan fuerte e intenso como pocos en mi vida. A pesar de haberlo intentado, no pude evitar quebrarme emocionalmente. El tampoco pudo, y nos quedamos así abrazados hasta el final.
En una silla de jardín
Este si que fue un tanto raro.
Venía con mi viejo y con Machu (mi jermu) en el auto. Por la avenida tranquilos, estabamos saliendo del centro. Lo curioso es que los tres estábamos adelante y nadie iba en el asiento trasero.
De repente el auto, de un momento al otro, se convirtió en una silla de jardín. Era un tipo de silla que siempre hubo en mi casa de Bella Vista, mezcla de caño y tela. El viejo estaba sentado agarrado del posa brazos (volante) y nosotros arriba de el. En eso, tira del volante y salimos dispadados al cielo, tomando una altura mas que considerable. Machu cagada hasta el pecho, me agarraba del brazo para sentirse un poco mas segura. Yo, mientras tanto, me reía y disfrutaba del vuelo, creyendo que el que manejaba sabía lo que hacía.
Duró muy poco, como siempre, y enseguida comenzamos a bajar en picada. La silla venía totalmente de frente para con el piso y cuando estábamos por llegar, el comandante tira del volante para arriba y endeza la nave, que cae lentamente sobre el pasto.
Venía con mi viejo y con Machu (mi jermu) en el auto. Por la avenida tranquilos, estabamos saliendo del centro. Lo curioso es que los tres estábamos adelante y nadie iba en el asiento trasero.
De repente el auto, de un momento al otro, se convirtió en una silla de jardín. Era un tipo de silla que siempre hubo en mi casa de Bella Vista, mezcla de caño y tela. El viejo estaba sentado agarrado del posa brazos (volante) y nosotros arriba de el. En eso, tira del volante y salimos dispadados al cielo, tomando una altura mas que considerable. Machu cagada hasta el pecho, me agarraba del brazo para sentirse un poco mas segura. Yo, mientras tanto, me reía y disfrutaba del vuelo, creyendo que el que manejaba sabía lo que hacía.
Duró muy poco, como siempre, y enseguida comenzamos a bajar en picada. La silla venía totalmente de frente para con el piso y cuando estábamos por llegar, el comandante tira del volante para arriba y endeza la nave, que cae lentamente sobre el pasto.
il capo cononieri
De pibe era muy fanático de Boca, pero mucho mas del Bati. Sin exagerar, debo haber coleccionado 10 remeras del 9, algunas de Boca, otras de la Fiore y seguro que alguna de la Selección. En algún lado están esas casacas, ya me voy a reencontrar con ellas.
Me acuerdo la sensación de angustia cuando me despertaba y la remera se me había ido de las manos. Era mía, sin dudas que la tuve. La tenía en mis manos y de pronto, se esfumaba.
Toda una vida esperando a tener esa remera y cuando lo conseguía, era la persona mas feliz del mundo. Una vez fue en la bombonera. Estadio repleto. En la cancha estaba pegado al Bati y no me le alejaba ni dos centímetros. El me decía "vení pedrito, vos seguime a mi". Nunca llegué a tocar la pelota y el partido habrá durado 3 seg. Cuando terminó, toda la prensa llenaba el campo de juego y se iban derecho a conseguir una entrevista con los jugadores. En esa, el Bati se saca la remera y me la tira. Lo primero que hago es agarrarla y ponermela asi como venía, cosa que no me la afanen. Tenía 12 o 13 años. Fue la primera vez que toqué el cielo con las manos.
Me acuerdo la sensación de angustia cuando me despertaba y la remera se me había ido de las manos. Era mía, sin dudas que la tuve. La tenía en mis manos y de pronto, se esfumaba.
Toda una vida esperando a tener esa remera y cuando lo conseguía, era la persona mas feliz del mundo. Una vez fue en la bombonera. Estadio repleto. En la cancha estaba pegado al Bati y no me le alejaba ni dos centímetros. El me decía "vení pedrito, vos seguime a mi". Nunca llegué a tocar la pelota y el partido habrá durado 3 seg. Cuando terminó, toda la prensa llenaba el campo de juego y se iban derecho a conseguir una entrevista con los jugadores. En esa, el Bati se saca la remera y me la tira. Lo primero que hago es agarrarla y ponermela asi como venía, cosa que no me la afanen. Tenía 12 o 13 años. Fue la primera vez que toqué el cielo con las manos.
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