Uno de los mejores

Estaba en una especia de reunión. Veía a uno de mis hermanos junto a mis dos hermanas, conversando. Yo miraba de afuera, como a 10 pasos de distancia. El aire se respiraba un tanto espeso, y claro, estábamos llorando la muerte del viejo. No había un clima generalizado de angustia, sino más bien de mucha tristeza por dentro. Yo particularmente miraba todo de afuera, sin querer acercarme. Por dentro sentía un enorme dolor y para no quebrarme, me mantenía lejos del resto.

Habrán pasado 20 segundos de todo esto y veo venir a un íntimo amigo de Papá. Mi sensación era que lo conocía de toda la vida y el me conocía mucho a mi. Sabía muy bien el quien era yo y lo mucho que estaba sufriendo.

Al verlo entrar, mas ganas me dieron de mantener la distancia. Sabía que si lo saludaba se me iba a partir el alma y era justamente lo que estaba intentando evitar.

Los saluda a los chicos y cuando esta terminando, cruzamos las miradas. Inmediatamente, cambia de dirección y se viene hacia mí. Vestido de manera formal, pero casual, se acerca con los ojos brillosos. Su barba típica era inconfundible. Me extiende la mano, y sin decir palabra, nos la damos. Su mano era como la de esas personas que trabajan con ella diariamente, de gran tamaño y un tanto pesada y arrugada. Esa mano tenía historia propia y por un momento fui parte de ella.

Por ese entonces, el “Che” tenía 40 años aproximadamente. Se lo veía joven y muy saludable.
Nunca me voy a olvidar el abrazo que nos dimos luego, tan fuerte e intenso como pocos en mi vida. A pesar de haberlo intentado, no pude evitar quebrarme emocionalmente. El tampoco pudo, y nos quedamos así abrazados hasta el final.

No hay comentarios:

Publicar un comentario